LA TEORÍA DE SISTEMAS APLICADA AL TURISMO


LA TEORÍA DE SISTEMAS APLICADA AL TURISMO[1]

Maribel Osorio García

Desde los años cincuenta, a través de la creación de una asociación denominada la Sociedad para la Investigación General de los Sistemas, Kennet E. Boulding, Anatol Rapoport, Ralph Gerard y Ludwig von Bertalanffy, sistematizan y difunden la Teoría General de Sistemas (TGS), como una epistemología y un método común a todas las ciencias aplicable a distintos objetos de estudio. El concepto clave de la teoría, el del sistema, se aplicó de manera general para concebir a elementos que se relacionaran significativamente entre sí, en el sentido de que el nivel de interdependencia fuera elevado, que tuvieran cierta  precisión en el tiempo y el espacio, y que poseyeran una cohesión interna; sin embargo, el hecho de que el concepto fuera utilizado en los distintos campos de la ciencia, no implicó que se partiera de una teoría sistémica, la cual requería de la aplicación de una serie de  requisitos. De hecho, la TGS no llegó a conformar una teoría general como tal, puesto que los conceptos constitutivos más importantes no crearon una construcción teórica unificada (Gutiérrez; 1984: 222).

La postulación de la TGS abrió una nueva perspectiva conceptual al turismo, dando la oportunidad para entenderlo como “…un conjunto interrelacionado de elementos”, que incorpora un mayor número de vinculaciones en su dinámica, más allá de la sola relación oferta – demanda  que  señala el mercado. Para llevar a cabo una revisión de los modelos sistémicos del turismo se tomará como referencia la clasificación  elaborada por Buckley (1993) sobre los modelos concebidos en la sociología a partir de la teoría moderna de sistemas. Dicho autor caracteriza tres modelos: el mecánico, el orgánico y el procesal, cada uno fundamentado en diferentes principios.

El modelo mecánico caracteriza a los sistemas como cerrados y toma su fundamento de los principios de la física. Se asume que los elementos del sistema (individuos y grupos) se encuentran en un equilibrio de fuerzas (centrífugas y centrípetas) y que se unen por atracción mutua o se separan por repulsión. Su principal fuerza de cambio es de carácter endógeno”[2]

a)           . En el campo de las ciencias sociales, este primer modelo teórico de los sistemas fue elaborado con base en el principio del equilibrio. El  modelo hace referencia a un estado específico de la relación estabilidad/perturbación. El sistema debería tender siempre a mantener la estabilidad, entendida como alcanzar el estado en el que anteriormente se encontraba o a crear un nuevo estado de balance. La  realidad se encargó de demostrar que los sistemas rara vez permanecen en equilibrio, paradójicamente, se ha llegado a la convicción de que es el desequilibrio el que proporciona la estabilidad en los sistemas.

Un segundo modelo se constituyó sobre los principios de la biología, creando  la concepción de sistemas sociales orgánicos abiertos que desarrollan un continuo intercambio con el entorno. En el mundo de lo social, los sistemas reciben estímulos a través de un  intercambio de información,  la cual podría hasta llegar a modificar sus estructuras. Se asume que los elementos constitutivos de estos sistemas tienen dos tipos de comportamiento: como organismos, en el que las partes cooperan en la lucha por la supervivencia, y como conglomerado ecológico, en el que las partes compiten por la supervivencia. Asimismo se establece que, si bien la organización del sistema varía por el intercambio, existe una tendencia a mantenerse un estado relativamente constante (homeostático)[3].

El modelo procesal también caracteriza a los sistemas como abiertos, pero  toma su fundamento de los principios de la cibernética. Se asume que los elementos del sistema tienen una comunicación entre sí y una organización, por lo que son capaces de autodirigirse hacia la obtención de un resultado o meta. Este modelo concibe la generación de sistemas complejos que están sujetos a perturbaciones provenientes del ambiente y los conducen a generar cambios y adaptaciones. El modelo procesal ha tenido, a su vez, distintas variantes: imput/output, feed back negativo y  feed back positivo.

El  modelo imput/output puso énfasis en que del sistema surgen las variaciones que se registran en él y no el entorno; sin embargo, derivó en una simplificación matemática del comportamiento del sistema, en la que “a condiciones dadas, los resultados pueden ser previstos”, lo que significó un extremo en la generalización del esquema estímulo/respuesta, esto es, ante el estímulo “x”, la reacción será siempre ”y”. La crítica al modelo anterior, advirtió la inverosimilitud de dicha determinación, admitiendo la complejidad del comportamiento social, y formuló el modelo del feed back negativo, conocido como “la caja negra”, que designa la imposibilidad de conocer lo que ocurre al interior del sistema y se limita a identificar las relaciones externas. Este modelo centró su preocupación en identificar las condiciones (desviaciones o alejamientos) que pudieran desestabilizar el sistema o ponerlo en peligro. Al estudiar a los sistemas se tendría la consideración de conocer las variables fundamentales de su relación con el entorno y conducir las acciones necesarias a partir de éstas.

En un sentido diferente, el modelo del feed back positivo se ocupó de analizar qué tanto podía desviarse o alejarse el sistema en su relación con el entorno, es decir, en una posición opuesta al modelo anterior, éste se interesó por conocer qué cantidad de cambios era posible introducir en el sistema sin ponerlo en peligro, qué mecanismos tenía para controlar la tendencia  de una desviación  o modificar la dirección a un desarrollo catastrófico.

Los modelos sistémicos expuestos y sus variantes se pueden apreciar en la siguiente figura:

Figura No. 1. Los modelos sistémicos aplicados en la sociología.

Fuente: elaboración propia con base en la propuesta de Buckley (1993) y Torres (1996).

Teniendo como referencia esta tipología, a continuación se analizarán las concepciones del sistema turístico. Durante la década de los años setenta y ochenta, se considera que los modelos mecánico y orgánico sirvieron de base para construir la concepción del sistema turístico, ya que tanto se le concibió como un gran sistema al cual se van adhiriendo por “atracción” otros espacios turísticos de origen y de destino, como un organismo en el que sus elementos se integran  de manera coordinada.

En el caso de América Latina, el sistema turístico tuvo su primera expresión conocida en 1971, a partir de los trabajos del Instituto Mexicano de Investigaciones Turísticas (IMIT), cuya definición lo refería como “un conjunto definible de relaciones, servicios e instalaciones que interactúan cooperativamente para realizar las funciones que promueven, favorecen y mantienen la afluencia y estancia temporal de los visitantes” (citado por Rodríguez; 1982: 9). Esa forma de definir al sistema turístico alude a una clara concepción orgánica. En este caso se consideró que las partes del sistema turístico cooperan, en vez de competir en la lucha por la supervivencia.

Cohen (en Apostolopoulos; 2002: 59-60) refiere que los sociólogos y antropólogos estudiosos del sistema turístico, admitieron como supuesto que su funcionalidad obedecía a un  patrón “orgánico” espontáneo, cuya dinámica presenta una tendencia centrífuga de constante expansión hacia nuevos espacios, hacia nuevas áreas geográficas, como resultado de una inercia de ímpetu o de fomento, inducido a través de los esfuerzos de autoridades nacionales o de desarrolladores turísticos de gran escala. Esto es, una vez aparecido el turismo como una nueva actividad social, su práctica fue incluyendo a un mayor número de destinos a nivel internacional, los cuales por efecto de fuerzas endógenas (gobiernos) y exógenas (empresas trasnacionales) se fueron incorporando al sistema turístico.

Así, los estudiosos sociales del mundo desarrollado focalizaron sus esfuerzos en elaborar explicaciones y modelos sobre las etapas de expansión-evolución del sistema turístico, con énfasis en aspectos geográficos, económicos o antropológicos. Son ilustrativos los trabajos de Greenwoods (1972), de Noronha (1977), de Stansfield (1978) y Leiper (en Cooper: 1997: 3). Este último, particularmente, elabora un modelo en 1979 sobre el sistema turístico que es adoptado en 1990 por Cooper y sirve de base conceptual al considerar las formas de relación entre los elementos mencionados a continuación e ilustrados en la figura 2:

a)    Los turistas – actor principal dentro del sistema.

b)    Elementos geográficos – se identifican tres ámbitos geográficos: región generadora de viajeros, región de destino turístico y región de tránsito en ruta.

c)    La industria turística – se considera el rango donde los negocios y las empresas se involucran.


Figura No. 2. El sistema turístico básico de Leiper

Fuente: Tomado de Cooper (1997: 3)

De acuerdo con el modelo, cada uno de estos elementos interactúa con los demás para establecer una red de comunicación y de transacciones, generando una serie de impactos en los ámbitos geográficos señalados. De aplicación general, el modelo ha sido útil para referir el sistema de clientes y proveedores del producto y de los servicios turísticos entre áreas geográficas distintas, de acuerdo a una lógica de intercambio referida en el modelo orgánico.

Para 1982,  Sergio Molina, pionero del estudio del turismo en México[4], describió al turismo desde una concepción sistémica de la siguiente forma: “el turismo… está integrado por un conjunto de partes o subsistemas que se relacionan para alcanzar un objetivo común. Los subsistemas que lo componen, de acuerdo a la figura 3,  son los siguientes:

Figura No. 3. Componentes del sistema turístico según Molina.


Fuente: Elaboración propia a partir de la propuesta de Molina.

a)    La superestructura – se compone de organizaciones del sector público y privado; leyes, reglamentos, planes y programas.

b)    La demanda – constituyen los turistas residentes en el país y en el extranjero.

c)    La infraestructura – la cual incluye aeropuertos, carreteras, redes de agua potable, drenaje, de teléfono, etc.

d)    Los atractivos – naturales y culturales.

e)    El equipamiento y las instalaciones – se integran por hoteles, moteles, campings, trailer parks, restaurantes, cafeterías, agencias de viajes, albercas, canchas de tenis, etc.

f)     La comunidad receptora – se refiere a los residentes locales ligados directa e indirectamente con el turismo.” (Molina; 1986: 17)

Este autor caracterizó a la actividad turística como un sistema abierto, sustentándose en una visión holística,  que pretendía “conocer la complejidad organizada y la totalidad.” (Molina; 1986: 37). En este sentido, el turismo fue concebido de una manera totalizante e integradora, como un “objeto orgánico”, dinámico y probabilístico.

Fundamentado en el modelo orgánico de los sistemas, la caracterización de Molina sobre el sistema turístico tuvo la importante aportación de precisar  elementos componentes, lo que sirvió de soporte para múltiples investigaciones empíricas que lo tomaron como base conceptual, aunque sólo se limitó a describir los componentes sin abundar en la explicación de sus relaciones.

En 1986 Manuel Rodríguez Woog (1986: 30), destacado estudioso del turismo en México, señalaba la necesidad de trabajar de manera rigurosa la sustentación teórica del sistema turístico, advirtiendo que debía reconocerse en él los siguientes elementos:

a)    Su percepción como totalidad;

b)    Su cualidad emergente, al poseer atributos no reductibles a los elementos que lo originan y que conllevan a conocerlo más por sus cualidades que por sus cantidades;

c)    El proceso de diferenciación de su estructura, como respuesta a ciertos estímulos del medio ambiente y a su conducta teleológica;

d)    La equifinalidad y multifinalidad de los procesos en los que el turismo existe que permiten su estudio particular sin perder la perspectiva de la totalidad.

Los elementos que señala Rodríguez apuntan en la necesidad de profundizar en el estudio de las relaciones sistémicas del turismo, tanto para la identificación de su estructura como para la caracterización de las relaciones con el entorno. Dicha necesidad toma fuerza en la medida que en la década de los años setenta y ochenta del siglo XX, tras veinte años de operar un turismo masificado en el ámbito internacional, la evolución de la práctica turística dio cuenta de un conjunto de efectos económicos, sociales, políticos y culturales que transformaron y degradaron social y ambientalmente los destinos turísticos del mundo subdesarrollado, efectos de los que hasta entonces no se tenía conocimiento y que era necesario entender a través de modelos conceptuales que explicaran la red de relaciones  que se entreteje en torno a la actividad turística.

En la década de los años noventa, los modelos de sistema turístico incorporaron un esquema sistémico procesal, superando las concepciones mecánica y orgánica. Dos ejemplos de esta nueva concepción la ofrecen las propuestas de Gunn (2002) y Ascanio (en Schlüter, 2000: 25), ambos basados en la variante del feed back positivo. El primero ofrece un modelo más contemporáneo sobre los componentes del sistema turístico como base conceptual para la planificación turística, concibiendo a la demanda y la oferta como las dos fuerzas principales en la conducción de dicho sistema. Describe además los factores externos al sistema que influyen en su funcionamiento: financiamientos, recursos culturales, recursos naturales, políticas gubernamentales, competencia, comunidad, emprendedores y aspectos laborales. El sistema y los factores externos se ilustran en la siguiente figura:

Figura No. 4. El sistema funcional turístico de Gunn.

Fuente: Esquema complementado a partir del de Gunn (2002: 34).

En este modelo la funcionalidad del sistema turístico se presenta desde una perspectiva de mercado, reconociendo como factores externos aquellos que fundamentalmente alteran la relación entre la demanda y la oferta.

En el caso de Ascanio, el sistema turístico se articula por dos ambientes internos: el físico-empresarial (empresas, paisajes, etc.) y el comunal o humano (comunidades receptora y de visitantes), ambos interrelacionados por el carácter de servicio del turismo. Se ilustra el modelo en la figura 5:

Figura No. 5. Modelo de interrelación entre los componentes del sistema turístico.

Fuente: Tomado de Schlüter (2000: 25).

Este modelo hace énfasis en el papel mediador de los servicios, así como en las relaciones de comunicación entre las comunidades receptora y de visitantes, y entre los recursos y las empresas. Fuera del sistema, en el ámbito externo, se encuentran los aspectos que lo influyen: lo político, lo económico, lo psicosocial, lo tecnológico y lo sociocultural.

Con el modelo procesal, el sistema turístico ha alcanzado su mayor nivel de dificultad explicativa, al asumirse como parte de un sistema que manifiesta una interacción compleja, multifacética y fluida, sujeta a muy variables grados e intensidades de asociación y disociación. En este marco, la concepción del sistema turístico ha tenido, al menos, dos posturas:

a)            Reconocerse como un elemento sujeto al comportamiento de varios subsistemas.

b)            Reconocerse como un sistema por sí mismo que se encuentra relacionado con varios subsistemas .

La primera postura, el turismo como un elemento vinculado con varios subsistemas, ha sido trabajada por un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de México, a partir de la teoría de los sistemas complejos desde la concepción de Illya Prigogine, Enrique Leff, Ervin Lazcio, Rolando García, Fernando Tudela y Firtjof Capra, sobre la cual se trabaja el desarrollo sustentable y el turismo, habiendo realizado a la fecha diversos trabajos desde esta perspectiva[5].

Desde una concepción de los sistemas abiertos, dinámicos y holísticos, se entiende que el sistema complejo está compuesto por una red de numerosas relaciones, que tiene una capacidad de autoorganización y de evolución y que está sujeto a cambios externos determinantes de su transformación. El sistema complejo aplicado  metodológicamente identifica 4 subsistemas como aparece en la figura 6:

Figura No. 6. El turismo en la teoría de los sistemas complejos.

Fuente: Elaboración propia con base en la investigación de Ricaurte (2001).

“1) El subsistema natural se refiere al conjunto de recursos naturales que una vez dentro del sistema turístico complejo se convierten en atractivos turísticos.

2) El subsistema socioeconómico que se refiere a la conjunción de factores económico-sociales que intervienen en la actividad turística y dan soporte a la misma, como actores sociales, la dinámica poblacional… y las actividades económicas…

3) El subsistema productivo que se refiere específicamente a la estructura de producción del sector turístico, es decir, a la explicación de la evolución de la planta, infraestructura, oferta y demanda turísticas…

4) El subsistema político-administrativo que explica principalmente la intervención y/o participación del gobierno…” (Ricaurte; 2001:48).

Esta postura da la oportunidad de observar una gran variedad de factores que en mayor o menor grado se asocian con distintos aspectos del turismo, (naturales, económicos, demográficos, políticos, etc.), lo que implica que el turismo es un elemento componente de varios subsistemas.

La segunda postura, el turismo como un elemento que por sí sólo constituye un sistema, se constituye por las propuestas de Gunn y Ascanio, aunque para efectos de la presente ejemplificación, se ilustra con la propuesta de Santana (1997) quien, siguiendo el esquema de Mathieson y Wall (1982), establece los siguientes tres componentes del sistema turístico:

1)     El elemento dinámico – referido al viaje o al desplazamiento, incluye a la demanda real y potencial, así como a los componentes de las sociedades generadoras de turistas (nivel de ingresos, nivel educativo, patrones culturales, etc). A partir de los intereses específicos de la demanda y de los diferentes destinos, se establecen las formas determinadas de hacer turismo (turismo verde, rural, cultural, etc.) y de comportamientos del turista (tipos de turistas).

2)     El elemento estático – sus componentes quedan referidos al destino, tanto como entorno global como a la estructura empresarial y a los propios turistas y sus actividades. Es en este elemento en el que se registran los contrastes culturales entre turistas y visitantes, en el que la empresa hace contacto con sus clientes o usuarios y en el que se genera la presión en  la capacidad de carga del lugar.

3)     El elemento consecuencial – refiere el impacto resultante de los elementos anteriores, incluyendo los efectos primarios con el desarrollo inicial del turismo en un destino, como los que se suceden posteriormente de manera progresiva. Asimismo considera los controles y correcciones realizados particularmente por el sector gubernamental.

Cada uno de los elementos expuestos se interpreta como un subsistema que da cuenta de las varias relaciones que se suceden en el sistema turístico, dando la posibilidad de analizar todas las fases de la experiencia del viaje, incluyendo los preparativos, el viaje a y desde el destino, la estancia y el post-viaje. El sistema en su conjunto se ilustra en la figura 7:

Figura No. 7. Sistema funcional del proceso turístico.

Fuente: Modelo simplificado tomado de Santana (1997).

Este modelo ofrece una mayor noción sobre la funcionalidad del llamado sistema turístico y señala las variables que intervienen en el proceso, sus relaciones y efectos. Se destaca que en este caso, aspectos económicos, sociales, políticos y demográficos, entre otros, se encuentran incluidos como “componentes” del sistema; sin embargo, el modelo no alcanza a clarificar si éstos se asumen como elementos que pertenecen al sistema turístico o forman parte de otros sistemas o suprasistemas.

Las concepciones sistémicas expuestas han posibilitado a los estudiosos del turismo integrar conceptualmente múltiples manifestaciones y entender como una unidad al conjunto de operaciones que intervienen en él. Manifestaciones de muy distinta índole se han integrado bajo la concepción de sistema. En general, los modelos mencionados tendieron a una generalización sobre la explicación de las relaciones entre el sistema y el entorno. Las aportaciones que hicieron, representan sin duda un avance en la aplicación de la teoría de sistemas al análisis de lo turístico, particularmente al permitir estudiar las interrelaciones entre lo natural y lo social. Es el enfoque de sistemas abiertos el que sirvió de base para la construcción teórico metodológica de los modelos elaborados, particularmente el de feed back positivo, puesto que permitió conocer los cambios que se generan en el sistema a partir de aceptar que son los estímulos del entorno, los principales generadores del cambio.

No obstante, los modelos teóricos construidos para explicarlo se muestran débiles al clarificar dos aspectos: la lógica concreta de su funcionamiento, y la distinción entre los componentes que le son propios y los que corresponden a su entorno.

Por una parte, con referencia a la lógica del funcionamiento del sistema turístico, Cohen (en Apostolopoulos; 2002: 309) apuntó lo siguiente: “Howeveer, the functionalist approach, while denoting how the tourism system operates, fails to identify the deeper underlying factors which structure it and inform its dynamics.” Es decir, los modelos construidos han dado algunas explicaciones sobre cómo funciona el turismo, pero no han profundizado en aspectos que se consideran fundamentales para entender su comportamiento sistémico: ¿cuál es la lógica de las relaciones entre sus componentes? y ¿en qué sentido se constituye como un sistema social funcional?

Por otra parte, los modelos anotados anteriormente, empiezan a ser cuestionados al debatirse el punto de la diferenciación entre lo que corresponde propiamente al sistema turístico y lo que corresponde a su entorno, identificándose algunas limitaciones teóricas que apuntan directamente a la concepción de los sistemas abiertos: ¿cómo se constituye un sistema turístico? ¿qué tipo de operación hace posible su permanencia? ¿cómo se establece la diferencia entre el sistema turístico y su entorno? ¿cómo evoluciona este sistema y mantiene esta diferencia?

Las respuestas a estas preguntas conducen a volver la vista sobre la naturaleza de los sistemas abiertos y a indagar sobre sus más recientes explicaciones, puesto que los principios de la cibernética aplicados al estudio de los sistemas sociales en el modelo procesal ya habían mostrado que éstos tienen la capacidad de reconocer lo que les es propio de lo que no, lo que nos conduce a reflexionar que tienen  capacidad de observación y, por lo tanto, de distinción.

Bibliografía

Apostolopoulos, Yorghos, Lerivadi, Stella y Yianakis, Andrew (1996) The Sociology of Tourism, London: Routledge.

Buckley, Walter (1993), La Sociología y la Teoría Moderna de los Sistemas, Argentina: Amorrortu Editores.

Cooper, C. et. al. (1997) Turismo, Principios y Práctica, México: Diana.

Greenwood, D. J., (1972) Tourism as an agent of change: A Spanish Basque Case. Etnology 11 (1): 80-91.

Gunn, C. (1994) Tourism Planning: Basic, Concepts, Issues, Washington: Taylor and Francis.

Molina, Sergio (1986), Planificación del Turismo, México: Nuevo Tiempo Libre.

Gutiérrez Pantoja, Gabriel, (1984), Metodología de las Ciencias Sociales, México: Harla.

Mathieson, A. y  Wall, G., (1982), Turismo: Impactos Económicos, Físicos y Sociales, México: Trillas.

Noronha, R.,  (1977), Social and Cultural Dimensions of Tourism: A review of the Literature in English. Washington, D.C.: World Bank (Draft).

Osorio García, Maribel, (septiembre-diciembre 2000), Nuevos Caminos para el Estudio del Turismo desde la Teoría de Sistemas, México: Convergencia, Revista de Ciencias Sociales, Año 7, Núm. 23.

Ramírez Blanco, Manuel, (1981), Teoría General del Turismo, México: Diana.

Ricaurte Carla, (2001), Turismo, Sustentabilidad y Gestión Local en el Municipio de Ixtapan de la Sal, México: Tesis de Maestría en Estudios Físicos y Socioeconómicos del Turismo, UAEM.

Rodríguez Woog, Manuel, et. al. (1986) Turismo Alternativo, México: Nuevo Tiempo Libre.

Santana, Agustín (1998) Antropología y Turismo, Barcelona: Ariel.

Schlüter, Regina, (2000), Investigación en Turismo y Hotelería, Argentina: Centro de Investigación y Estudios Turísticos.

Stansfield, C., (1978), Atlantic City and the Resort Cycle. Annals of Tourism Research, 5(2): 238-251.

Torres Nafarrate Javier, (1996) Introducción a la Teoría de Sistemas, México:  Universidad Iberoamericana, Iteso y Anthropos.


[1] Una versión anterior del presente artículo se publicò en Convergencia. Revista de Ciencias Sociales: “Nuevos Caminos para el Estudio del Turismo desde la Teoría de Sistemas”, Año 7, Núm. 23 septiembre-diciembre 2000. México.

[2] Una vertiente de ese modelo concibió que los sistemas sociales podían cambiar el curso preestablecido de los acontecimientos mediante factores o condiciones específicos denominados “precipitantes”, lo que modificaría fuerzas o tendencias hasta ese momento reprimidas o latentes. Las evidencias de los cambios producidos por las fuerzas “endógenas” y la permanente alteración del equilibrio han hecho evidente, entre otros argumentos, la imposibilidad de comprender a los sistemas socioculturales mediante una analogía con los sistemas mecánicos.

[3] Este modelo da explicación a la estabilidad de los sistemas sociales, pero no alcanza a dar cuenta de las razones del cambio del mismo, lo que limita sus posibilidades explicativas.

[4] De hecho Molina afirmó que el turismo podía conceptualizarse desde tres modelos teóricos: como una industria, como un fenómeno y como un sistema. En el primer modelo, se consideró que el turismo se asimilaba al comportamiento de una industria, porque practicaba la explotación de los recursos naturales y, mediante la transformación de éstos y de otros insumos, se ofrecía un producto estandarizado a una demanda. Al hablar del turismo como fenómeno, se le enfatizaba como una manifestación del ocio, entendido como una condición o estado interno creativo del hombre, un momento liberador que se producía durante el tiempo libre.

[5] Destacan las investigaciones de Serrano; 2002, denominada “Turismo en el Sur del Valle de Toluca, Una Alternativa de Desarrollo Sustentable”;  la de Ricaurte; 2001, “Turismo, Sustentabilidad y Gestión Local en el Municipio de Ixtapan de la Sal” ; y la de Segrado; 2002 “Turismo en Valle de Bravo”.

  1. #1 by Javinson on 15 mayo 2010 - 20:50 pm

    LA TEORÍA DE SISTEMAS APLICADA AL TURISMO

  2. #2 by edd on 4 septiembre 2010 - 16:09 pm

    No puedo verlo

  3. #3 by NEKOPAT on 28 septiembre 2010 - 19:33 pm

    este tema es interesante y creo que mi profesara de turismo saco de aqui .la tarea. jejeje

(No será publicado)